sábado, 10 de marzo de 2007

Escándalo:prefabricado pero blindado




El gran escándalo de la cinta reside en el amor prohibido de una profesora de arte con un estudiante quinceañero de un colegio ruinoso de Londres. Hasta ahí el morbo del film, cuyas imágenes evocan la aflicción del largo de Michael Haneke, La Pianista. El resto es un devastador ensayo sobre el laberinto de la soledad, a cargo de un equipo de ensueño.

Los créditos de lujo arrancan con sendos motores de la interpretación británica, Cate Blanchet y Judi Dench, ambas nominadas al Oscar por sus respectivos papeles. La primera es la maestra “corruptora de menores” y la segunda hace las veces de su alma gemela en la secundaria del caos. El punto de ruptura en la amistad tendrá lugar cuando el Romance X sea desvelado, y el personaje “B” amenace con contar el chisme al esposo de la mujer “A” con sexo tipo “C”.

A propósito, los giros de la trama son obra y gracia del guionista Patrick Marber, autor por igual del libreto de Closer. De ahí la interrelación erótica entre los dos argumentos. En el mismo tenor, la producción corre por cuenta de Scott Rudin y Robert Fox, los promotores del éxito, Las Horas. Ello reconfirma su compromiso con la tragedia de la condición femenina en respuesta a la dominación másculina.

Por último, el genial y minimalista Phillip Glass compone la sentida y sensible banda sonora, orquestada por una combinación armónica de cuerda y viento, al ritmo de la cámara de Chris Menges, el reconocido director de fotografía de La Misión. Richard Eyre ,en la batuta del set, salda la envidiable ficha técnica de Escándalo, la lógica continuación de la anterior pieza lograda del cineasta, Iris. Un par de serios tratados de la desesperación, el aislamiento, la represión y la infelicidad contemporánea en un mundo puritano, alienante y conservador.

Amor a la Italiana: el cine de autoayuda



Este manual de amor a la Italiana se compone por cuatro capítulos a lo libro de superación personal. Afortunadamente, la obra compensa con humor negro el contenido aclichetado de cada episodio.Por eso,puede leerse de manera cínica y desprejuicida,aun cuando despierte la justificada sospecha del consumidor escéptico.

No en balde, la peli coquetea con el lugar común de la literatura rosa,al desbocarse por salidas cómodas y demagógicas.Sin embargo, el tono ácido nunca abandona a la trama a lo largo del metraje,salvo por el predecible desenlace forzado(con explicación en off).

En ese dilema de ser o no ser condescendiente con las viejas lecciones del Doctor Corazón,se desarrolla esta guerra de los sexos,dividida por sketches de Cásate y Verás, Friends y Bienvenidos. Todo esto aquí verán y se divertirán.

El Flechazo


La primera historia del film reúne a Tommasso, un jovén sin rumbo, con Giulia, una niñita bien con aspecto de modelito de agencia. Ambos descubren la fantasía del chico encuentra chica, en medio de una paisaje romano de tarjeta postal. La fotografía los embellece de forma casi exagerada, con el propósito de subrayar el artificio de la relación.El cineasta los mira con la distancia y con la voz de la experiencia, en función de la técnica del plano secuencia.

Pronto, la vana ilusión de nuestros dos tórtolos se confrontará con la desilusión estética de la siguiente pareja. De inmediato pasemos a conocerla.

La Crisis

Bárbara y Marco son los personajes del segundo apartado aleccionador. Ella y él padecen el trauma del desinterés mutuo, mientras intentan despertar de su letargo depresivo.La puesta en escena los encuadra en un contexto familiar de colores grises, donde queda poco espacio para la risa fácil. Un par de chistes amargos vienen a complementar la tesis pesimista del director,Giovanni Veronesi, a estas alturas. Lo que no implica un rompimiento definitivo con en el compromiso del happy end. Sea como sea, todavía falta mucho para eso, pues ahora es que vamos a entrar de lleno en el tercer enlace frustrado. Cásate y verás.

La Traición

Para reponernos del bajón anterior, este acto recupera el dinamismo de la secuencia introductoria, a través de la ironía de una de las protagonistas más entrañables del reparto, quien se desahoga de frente a la cámara, cual actriz de telenovela, en un estilo adoptado de la escuela parisina de Jean Luc Godard, cuyos antihéroes se cansaban de interpelar a la audiencia, para fracturar la linealidad del relato y poner en jaque la estructura dramática.Entonces, Ornela, la señora infiel de la cinta, nos confiesa sus pecados antes de cometerlos en la acción,con la idea de demostrar su grado de autoconsciencia. La cuarta parte reafirmará esta condición,aunque será complaciente con el público.

El Abandono

Amor a la Italiana culmina con la tragicomedia de Godofredo, el doctor abandonado y a la vez condenado a cerrar la función en do mayor. La ambivalente conclusión optimista abandona literamente la incorrección política, para ir a los brazos de la psicología por volúmenes ilustrados al calor de los paisajes bucólicos del mediterráneo. Por ello, resulta imposible la comparación con el neorrealismo de Vittorio De Sica. Si acaso, esto sería una comedia posneorrealista o preneorrealista sin Limpiabotas y Ladrones de Bicicleta. No por casualidad se basa en un argumento de Vicenzo Cerami, el autor de aquella farsa sobre el holocausto con Roberto Benigni. Al mal tiempo, la buena cara de la vida es bella.

Al Borde de la Línea: Al Borde del Barranco



La promesa era conseguirse con una historia y unos personajes al borde de la línea. La realidad es una película pudorosa y mojigata, en la que los buenos le dan su merecido a los villlanos corrompidos, en algo que se quiere una metáfora vaya a usted a saber si del país, de la condición humana o del amor en tiempos de adversidad.

Lo cierto del caso es que los malos son malos y beben aguardiente para demostrarlo, y también explotan a las mujeres para subrayarlo, y además están pisando la tercera edad, y encima son capitalisas-hedonistas-individualistas-materalistas-terroristas,en algo que no llegamos a entender si se trata de una parodia irónica distanciada deconstructiva(nunca faltará un crítico irresponsable que haga una lectura así para mayor regocijo del director), o simple y llanamente de otro folletín de los que despacha Carlitos Villegas, entre decorados de cartón pierda, chistes incomprensibles de Bienvenidos, argumentos trillados, situaciones forzadas, intertítulos redudantes y personajes de comiquita, interpretados por sus panitas de la tele: Roque, Jerónimo y Danielita, en tres papeles de pura originalidad expresiva.

Roque es un muchacho pobre pero honrado que hará todo lo que este a su alcance para quedarse con la chica de sus sueños, en algo que no guarda el menor parentesco con su trabajo precedente. No confundir con su protagonista buenesito-ingenuo-enamoradizo de Ciudad Bendita. Esto es diferente.

Jerónimo está triste y canta. Canta triste. Y en algun momento canta a duo con Dath Dager, y entonces uno no sabe si reir, llorar o cantar mal con ellos. Y como ellos están tristes, no paran de fumar y de beber aguardiente, porque cuando uno está triste, así como ellos, uno fuma y bebe para ahogar sus penas en alcohol, poniendo caras de muchacho regañado.

Atención con el trabajo de Danielita Bascopé porque dará mucho de que hablar en el futuro(o al menos eso piensa Cesar Bolívar). Danielita Bascopé es una chica soñadora-ingenua-romaticona-kistch, dependienta de un hotel, en donde otro gallego de Radio Rochela la reprime y la abusa sexualmente, mientras Caridad Canelón le pasea a un baby chucky en un coche. Y el baby chucky, al que presentimos pero jamás vemos, no para de llorar. Y el momento es tan chaborro, tan involuntariamente tragicómico, que uno no sabe si reir o llorar lágrimas de Cocodrilo, como la prota. Porque la prota sufre mucho y llora bastante, al igual que Dath y Jerónimo.

Por consiguiente, ellos son personajes desesperados al Borde de la Línea entre el melodrama barato y la crónica sensacionalista del siglo XIX, entre el anacronismo y la imposibilidad de romper esquemas, entre Chepa Candela y el departameto de dramático del canal 4, entre la banalidad y la era del vacío, entre el simulacro y la realidad del papel lustrillo, entre el puritanismo y la represión, entre la carencia referencial y la autoreferencia complaciente, entre la casilla del plano-contraplano y el corsé formal de la programación por señal abierta, entre la cultura de lo light y la ausencia de densidad.

Por tanto, el erotismo de la pieza luce convecional, amildonado y oportunista. Hay un pudor increíble y el director apenas se suelta para filmar una escenita calenturienta a la manera censurada de Red O Globo, con elipsis de por medio. No me imagino lo mismo en una Al Borde la Línea, dirigida por Abel Ferrara. Así que lo que tenemos como primer lanzamiento nacional del año, es un descenso a los infiernos, apto para toda la familia.

El humor pocas veces funciona , carece de imaginación y resulta menos sorpresivo que predecible, menos original que el repertorio vencido de El Conde del Guacharo. De repente, la pareja Lamata-Valera entra en acción, creyéndose robar el show, sin embargo, su intervención termina siendo tan incomoda , gratuita y pedestre como el cameo de dos estrellas que no son en un sitcom criollo como Guayoyo Express.Sólo faló la risita enlatada en off.

El resto es, asimismo, subrayado, obvio, superficial y anticipado desde el principio hasta el anunciado desenlace, en el que el corazón triunfa por encima de las trampas del destino, bajo la sombra de la telenovela nacional, pues por algo el director viene del inframundo del culebrón latinomericano.

Así que la conclusión rayara en el chantaje moral del género, al manipular los hilos de la trama, de forma que la chica no se quede con el galan aprovechador, divorciado y de dudosa procedencia, sino con el chico pobre, “feo”(según los canones de belleza interpuestos por la obra), pero a la vez honrado, incorporado por el muchacho solitario, Roque Valero, en el mismo cliché que hace ahora para Ciudad Bendita. Un figurante, de los anticuados y requetevistos, que sintetiza las aspiraciones demagógicas de la opera prima, cuyos postulados coquetean con la la literatura de autoayuda y la cuentistica medieval, al orquestar la condena inquisitorial de los villanos en pro del objetivo celestial de los caracteres angelicales y puros: alcanzar la felicidad en la tierra, más allá de las tentaciones del lado oscuro de la fuerza.

De tal modo, se toma la decisión de concluir la dramaturgia con un Hollywood ending en las costas de Vargas(cual cuña institucional del gobierno post-vaguada), mientras Bascopé hace un comentario en off de los más conformista y esperanzador que se pueda escuchar en estos días de grandes anuncios y futuros promisorios.

Entonces, sin querer queriendo, Al Borde de la Línea coincide con los eternos planteamientos populistas de la cultura nacional, cuyos lugares comunes se consolidan, actualmente, desde la esfera mediática hasta el terreno de la política.
Este país vive sumido en un esterotipado delirio de vanas promesas, y la opera prima de Villegas parece encarnarlo sin complejos y al margen de la verdadera venezuela al borde la línea.

Esto es, si acaso, una pequeña y prefrabricada muestra de la auténtica decadencia de la nación, la cual, al paso que vamos, tampoco será televisida y filmada por la revolución. Prepárense, pues, porque lo que viene en camino es más evasión histórica y más escapismo tranquilizador, por cortesía del CNAC y la Villa del Cine. Bienvenidos a la censura del socialismo del siglo XXI.

Más extraño que la Ficción: simulacro y simulación



En su más reciente film, Marc Foster se propone derribar las fronteras que dividen a la ficción de la cruel verdad, para llegar a conclusiones análogas a las de Tim Burton en El Gran Pez, a las de Benneth Miller en Capote,a las de Spike Jonze en Adaptation, a las de los hermanos Coen en Barton Fink, a las de Tod Sollodnz en Storytelling y a las de David Cronenberg en Naked Lunch;significativos metarelatos posmodernos en los que la vida se confunde con la escritura,a objeto de exhibir los mecanismos de representación del séptimo arte.

En consecuencia, el cine vuelve a mirarse el ombligo por medio de la lupa de la autoparodia, con la intención de desnudar sus impurezas ante los ojos de la audiencia pasiva, invitada a participar activamente en el desarrollo de tal operación.Por eso,  la mirada cautiva del espectador descubrirá no pocas ataduras con el pasado de ciertos doctores de la ciencia deconstructiva, empezando por el Fellini de 8 1⁄2 y terminado por el Woody Allen de Melinda-Melinda(también coronada por la intervención de Will Ferrell).

Con semejantes antecedentes a cuestas, los convocamos entonces a revisitar con nosotros el texto de Stranger Than Fiction, una comedia más extraña y compleja de lo que parece. En rigor, es una conciente reflexión sobre el tema que subyace detrás del slogan de TNT:pasa en las películas, pasa en la realidad.

Viaje al centro de la Fábula

Las líneas cruzadas del proyecto fueron concebidas por la pluma del Talentoso Mr. Zach Helmn, considerado por la crítica como un pupilo blando de Charlie Kaufmman, el extravagante redactor de las memorables páginas de Being John Malkovich. Por consiguiente, la intriga de Más Extraño que la Ficción se desata a partir de la irrupción de un fenómeno paranormal en la rutina de un personaje en crisis.

En esta oportunidad, el protagonista del conflicto es un apesadumbrado inspector de impuestos, encerrado en una burbuja gris, mecánica y deshumanizada como el reino artificial de Truman Show. Aparte, la escenografía de la peli recicla el decorado tecnocrático de Playtime, el canto del cisne de Jaques Tati en materia de diseño plástico.

El punto es que en el medio de este ecosistema frío, nuestro heróe comienza a escuchar unas voces interiores e incontrolables como de loco atormentado, a la manera del conejillo de indias del Doctor Caligari.Según el burócrata desequilibrado, la fuente de su delirio proviene del cerebro de una escritora,que lo ha convertido en el personaje viviente de una de sus novelas.

Para exorcizar su eco y su drama de corte expresionista,el demente visita a un psiquiatra, que le diagnostica un cuadro de esquizofrenia, pero que lo pone en contacto con un especialista en literatura, dispuesto a prestarle ayuda antes de que sea demasiado tarde, pues la narradora omnisciente ha amenazado con liquidarlo y borrarlo del mapa de su libro, cual Buggs Bunny en comiquita irónica de la Warner.

Diles que no me maten!

De hecho, el director Marc Foster admite influencias de Matt Groening y su Homero Simpson increpando a los dibujantes que le dan forma y fondo. Más Extraño que la Ficción supone, en resumen, una coherente prologanción de la celebrada cinta del autor, Finding Neverland, en su interés por reinvidicar el Peter Pan que todos llevamos por dentro, para escapar y resistir a los embates de una existencia monótona y programada. Precisamente, la muerte de la vida llega cuando nos sometemos a los dictámenes rígidos de los guiones establecidos por la sociedad, en lugar de aventurarnos a salir de los parametros que limitan nuestra libertad.

 

2046:el futuro de Wong Kar Way



El Festival de Cannes la proyectó como primicia en la selección oficial del 2004. Tres años después arriba a nuestro circuito alternativo,sin perder un ápice de su fuerza audiovisual.Al menos no tuvimos que esperar hasta el 2046 para disfrutarla. Consuelo de cinéfilo tísico, que llaman.

De cualquier modo, la obra maestra de Wong Kar Way está aquí y debemos apoyarla con fanfarrias de bienvenida, sobre todo hoy cuando comienza a escacear el cine de arte y ensayo en las vitrinas de exhibición de la oferta multiplex, acaparada por el monopolio del efectismo y la triviliadad.

Si usted es de los que extrañaba a la auténtica y radical filmografía asiática, como si fuese un kilito de azúcar refinado,lo invitamos a dejarse empalagar por las imágenes hipnóticas de este extrañísimo film de ciencia ficción, a cargo del aventajado realizador de las enormes Chuking Express y Happy Together.


Según los entendidos, la cinta supone la continuación retrofuturista, por medios digitales, de la célebre In The Mood For Love, en el sentido de revisitar sus atmósferas alucinadas y sus lacerantes tragedias existenciales, al compás de una embriagante banda sonora a lo Hable con Ella, para el lucimiento de unos exquisitos Tony Leung, Gong Li y Maggie Cheung.

Al igual que Pedro Almodóvar, este cineasta de Hong Kong se propone renovar los oxidados resortes formales y conceptuales del melodrama noir. Para ello, encara el porvenir de la tecnología virtual con una abierta sensibilidad humanista,preocupada por el devenir del tiempo y anclada en la memoria de la vanguardia francesa. A camino entre el pasado de Alain Resnais y el mañana de Andrei Tarkowsky, su séptimo arte avanza a pasos agigantados hacia las fronteras subjetivas del 2046.